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domingo, 7 de mayo de 2017

La poesía en tiempos de crisis

Hoy cuando me movía en el metro me puse los audífonos para intentar despegarme un poco de la terrible realidad del país. Quise ser egoísta por un par de estaciones y no pensar en las marchas ni en los muertos y no pude. Empezó a sonar un audio en mi teléfono, seguramente descargado de alguna conversación de WhatsApp, era un poema sobre Venezuela. Las últimas dos líneas de mi poema son idénticas a las de este chico del audio. Gracias, por recordarme que hay maneras de seguir luchando y no caer.




No caigas

Cuando salgas a la calle a buscar el pan del día, no caigas.
Cuando vas en el metro, y sudas, y te cansas, y subes y bajas escaleras… que no sirven
No caigas.

Cuando llegas a la casa y enfrentas a otros problemas: el alquiler, la nevera, la comida, la familia, la tarea, la vecina, la bolsa del clap, el condomino, el agua la quitan a las 7, ¡corre!…
Pero no caigas.

No caigas en su juego
No caigas tan bajo
No caigas en la trampa
No caigas en la desesperación.

Cuando los perdigones y las balas y el gas y los palos y las piedras te peguen en el cuerpo, en la mente, en el alma, en el corazón.

Ora, pero no caigas.

Cuando la bala del poder...
              atraviese la frente de tu hermano
y lo veas despedirse ante tus ojos,
y su sangre corra por la calle sucia,
y arrastre sueños, juventud, amores, vida y notas musicales.

 Y caigas.

Levántate y camina
Porque Venezuela está viva

Y el comandante muerto.

jueves, 12 de mayo de 2016

Procrastinar en tiempos de crisis

Tengo mil cosas que hacer. Mil cosas. También tengo mil ganas de no hacer ninguna. Y procrastino.

Debo terminar la tesis de la maestría,¿ o debería decir empezarla? Continuar desarrollando suena mejor. Debo corregir montones de exámenes y tareas, revisar trabajos de grado y ensayos. Debo ensamblar un material de estudio, terminar una traducción, redactar unos artículos, llamar a Cantv a ver si me ponen Internet, arreglar la lavadora, terminar de leer Cumbres Borrascosas, y El Retrato de Dorian Grey, ordenar mi cuarto, coser aquel pantalón que se rompió, preparar las clases de francés y qué se yo qué más…
Y ¿qué hago? Veo en Youtube (gastando los megas del celular) que ya viene la película de Assassin's creed.

No es mi intención que usted, mi estimado lector, se ponga a comparar su lista de cosas por hacer con la mía. Yo sé que hay gente que tiene más responsabilidades y se maneja mejor. La cuestión está en que cada día encontrar la motivación para empezar y terminar cada tarea se me está haciendo más difícil.

Para los procrastinadores crónicos, como yo, las fechas de entrega son lo mejor que puede pasarnos. Nos hacen trabajar a toda mecha y entregarnos por completo a la tarea. Pero incluso mis fechas de entrega se me hacen flexibles con esta desmotivación tan dura.

La fórmula de mi "situación-país" es así: inseguridad + sueldo + escasez = el CDLM. Y sépalo, no me refiero al cuartel.

Este post no será compartido en Facebook. No quiero sumarme a ese movimiento.


Este post no tiene final feliz. Inhala, exhala, mañana será otro día.
Wish I was here... again

miércoles, 19 de febrero de 2014

Y a la desesperanza, ¿cómo la atacas?

Desde que empezaron las protestas casi no he tocado la calle. Y ya con ese comentario empiezo a ganarme las miradas llenas de juicio del lector. He salido como tres veces nada más: una a la farmacia, una a casa de una amiga, una a una asamblea en la universidad. ¿Cómo? ¿Y no fuiste a marchar? No. No fui a marchar. No fui a trancar ninguna calle, no. "¡Por eso es que el país está como está!" Ya siento como me juzgan y me reclaman, si yo hubiese salido seguro ya tendríamos otro presidente, o por lo menos así me hacen sentir de a ratos.

Y allí está mi punto. Como yo hay millones. Es una mezcla de miedo y desesperanza. Un punto entre "aquí no va a pasar nada" y "y si se arma un peo y me matan". Hace poco discutía eso, luego de  la consabida "aquí va a haber un peo" yo respondo con lo que pienso la mayor parte del tiempo "si no pasó cuando se murió Chávez, si no pasó con las elecciones, ahora menos va a pasar". 

Comparto noticias que me parecen valiosas, pienso que podría organizar un foro, una tertulia, una jornada de carteles. Pero lo que veo en las redes sociales es gente que grita que salga a tirar piedra con  ellos, y que si no lo hago soy apática, no me interesa mi país, traidora, cualquier cosa. 

Y a esa desesperanza que ocupa mi cuerpo, y la de millones de otros venezolanos ¿cómo la combates? La misma lucha de convencer a los que no votan. Pero es una lucha, no un regaño. Porque menos ganas de salir me quedan después de que me gritas que es mi culpa que el país esté así, que corra a ayudarte a esconderte de los gases, que corra o que acaso no veo que pasa. Cada vez que leo "Despierta Venezuela" pienso: ¿y tú crees que yo no sé lo que pasa? Creo que el mensaje no es el  adecuado, ni está llegándole a quien debería.

Y conmigo hay un sector enorme de la población que no sale. Por diversas razones: miedo a la represión, la creencia de que es inútil y también la poca identificación con el discurso y los planes que ha manejado la oposición (y no me refiero solo a la MUD). 

Con las redes sociales nos mantenemos informados unos 4 millones de venezolanos. ¿Y el resto? ¿Cómo les dices lo que está pasando?, ¿cómo los involucras en la lucha? ¿Cómo me involucro en la lucha? 

No tengo respuestas. Tengo un montón de dudas en mi cabeza. Un revoltijo de tristezas, rabias y dudas. Y las redes me regañan, no me invitan. 

Sobre quedarse en el aparato... y otras reflexiones parecidas...

Desde que empecé a trabajar online con clientes de otros países me he dado cuenta de la tremenda competencia que tenemos los traductores ...