jueves, 12 de mayo de 2016

Procrastinar en tiempos de crisis

Tengo mil cosas que hacer. Mil cosas. También tengo mil ganas de no hacer ninguna. Y procrastino.

Debo terminar la tesis de la maestría,¿ o debería decir empezarla? Continuar desarrollando suena mejor. Debo corregir montones de exámenes y tareas, revisar trabajos de grado y ensayos. Debo ensamblar un material de estudio, terminar una traducción, redactar unos artículos, llamar a Cantv a ver si me ponen Internet, arreglar la lavadora, terminar de leer Cumbres Borrascosas, y El Retrato de Dorian Grey, ordenar mi cuarto, coser aquel pantalón que se rompió, preparar las clases de francés y qué se yo qué más…
Y ¿qué hago? Veo en Youtube (gastando los megas del celular) que ya viene la película de Assassin's creed.

No es mi intención que usted, mi estimado lector, se ponga a comparar su lista de cosas por hacer con la mía. Yo sé que hay gente que tiene más responsabilidades y se maneja mejor. La cuestión está en que cada día encontrar la motivación para empezar y terminar cada tarea se me está haciendo más difícil.

Para los procrastinadores crónicos, como yo, las fechas de entrega son lo mejor que puede pasarnos. Nos hacen trabajar a toda mecha y entregarnos por completo a la tarea. Pero incluso mis fechas de entrega se me hacen flexibles con esta desmotivación tan dura.

La fórmula de mi "situación-país" es así: inseguridad + sueldo + escasez = el CDLM. Y sépalo, no me refiero al cuartel.

Este post no será compartido en Facebook. No quiero sumarme a ese movimiento.


Este post no tiene final feliz. Inhala, exhala, mañana será otro día.
Wish I was here... again

miércoles, 11 de mayo de 2016

¿Qué es ser sexy? o de cómo pienso que no lo soy

Jugando a ser sexy en 2015. con una peluca, filtros y siguiendo instrucciones

¿Qué es ser sexy? Esa pregunta ha estado rondando mi cabeza y mi boca por los últimos dos meses sin parar. Ya no recuerdo exactamente por qué empecé a preguntarme eso pero la historia va más o menos así:

Estaba yo caminando en la universidad y viene en sentido contrario una chica, de unos 25 años, muy linda y con un tumbao que me hizo pensar "qué sexy es esa tipa". Entonces empiezo el inevitable juicio en mi contra (las mujeres somos nuestras peores enemigas). Empiezo a pensar que yo no camino así, que mi cabello no se mueve con el viento, que si mis ojos, que si mi nariz, todo un montón de basura que me lleva a la conclusión de que yo NO soy sexy. Entonces empieza la encuesta, pero no pregunto si consideran que yo sea sexy, porque es muy directo. Empiezo preguntando qué hace que alguien sea sexy. Las respuestas me causaban mucha risa, se armaron unos debates por Whatsapp que descargaban la batería de cualquier teléfono. Pero de repente empiezo a notar que nadie quería responder de manera directa, nadie quiere adjudicarse el título tampoco. Y la peor parte viene de aquellas mujeres, que yo considero bastante sexys, que decían que no lo eran, que ellas no se consideraban así.

Hoy sigo investigando, escucho conferencias en línea, leo artículos, veo entrevistas; las mujeres toman el micrófono y hablan de cómo ser sexy, cómo seducir y cómo usar esta herramienta a diario (más allá del plano sexual). Un tema salta y me toma por completo. Al parecer, y en esta idea sigo cavilando, el ideal de belleza que nos meten los medios a diario por los ojos nos afecta más de lo que creemos. Aunque sepamos que esas fotos tienen retoques, aunque sepamos que ni siquiera esa modelo luce así, aunque tengamos más de dos dedos de frente esas imágenes causa impacto en nosotras. Y es que, además de trabajar, limpiar, leer, estudiar y todo lo que hace cualquier individuo dentro de esta sociedad, tenemos que secarnos el cabello, sacarnos las cejas, ir al gym, ponernos maquillaje, caminar derechas (¡Saca el pompis! ¡Mete la panza!) mantener las uñas arregladas, combinar nuestra ropa, y ¡Dios nos libre de los zapatos bajitos y las groserías! 

Son demasiadas cosas. En algún momento "descuidamos" alguna. Me compré un vestido azul muy lindo para las navidades, y mi padre, que es mi papá y me ama por encima de todo, que es hombre y se supone que no "sabe de eso", me dijo que me quedaría mejor con una faja (que ya tenía puesta por cierto, inserte emoticón llorón acá). Una amiga publicó una foto muy sonriente, pues íbamos a dictar un taller en una jornada de investigación, y su mamá le dijo que la quitara porque se le veían las arrugas de los ojos.  Nadie se salva. Incluso aquellos que te aman desde que eras una pasa y hasta que seas polvo. Me hace recordar el artículo que leí de las amigas de proyecto Kahlo de cómo transmitir el odio al cuerpo.

Metiendo la panza en el susodicho vestido azul de navidad

Pero no todo está perdido, no hay que seguirle la corriente a estas "reglas de belleza" que nos hemos ido armando. Hay movimientos que intentan desmontar esos ideales de dama, señorita, mujer, madre. En España las chicas de weloversize son un ejemplo; promueven la idea de que hay que quererse con esos kilitos de más y que se puede ser sexy así. Sexy, volvemos al inicio. Si dentro de todas las definiciones que me dieron los encuestados (14 mujeres y 10 hombres) había más atributos de personalidad que físicos ¿Por qué seguimos negándonos el título de sexy? Que quede claro además que luego de redactar estos dos artículos (el primero publicado en www.ritosdeilacion.blogspot.com )no me proclamo como una gordita sexy, pero que quede bien claro también: se hace camino al andar. ¿y tú? ¿Eres sexy?

viernes, 1 de abril de 2016

¿Dónde terminó el conejo... de Pascua?



Estas últimas vacaciones, de la Semana Mayor o Semana Santa, decidí echarle una visita a mis parientes y amigos de ese pueblito en el medio de la nada: Valle de la Pascua. Ubicado en el corazón de los llanos venezolanos, Valle de la Pascua tiene el tupé de hacerse llamar Princesa del llano. ¿Princesa? princesa de Pascua al menos.

Entre el agobiante calor, atmosférico y familiar por igual, me quedo con la duda del origen de su nombre. Una escueta colina fue suficiente para que este pedazo de geografía decidiera llamarse valle, y la Pascua parece ser una flor que ya antaño no florea por la región. Princesa de las flores entonces, antigua princesa. Nada que ver con conejos que dejan huevos de chocolate por doquier, nada que ver con Jesús y allegados, no. Una flor.

Al final de la Semana Mayor regreso a la capital extenuada, necesito  (como todos) otra semana para recuperarme de las "vacaciones". Al final, a pesar de todo, parece ser como dicen los lugareños, "como la Pascua, no hay".

martes, 18 de agosto de 2015

Las vacas no dan Wi-Fi

Desde hace unos días empezaron las esperadas vacaciones de agosto. Ya en el llano, y luego de las visitas de rigor, me dispongo a descansar. Un chinchorro, unos torditos que suenan en algún punto del jardín, una brisita que intenta refrescar la tarde; creo que no necesito nada más. Unos veinte minutos después entro a la casa, busco algún quehacer: la merienda, un libro, una conversación. Me conecto para compartir algunas fotos con mis amigos. No, misión fallida. La conexión de Internet en lo que los caraqueños insisten en llamar el interior del país es malísima. Si creías que Caracas tenía problemas de velocidad o ancho de banda, paséate por cualquier ciudad pequeña o pueblo para que sepas qué significa desconectarse. Saco el dispositivo, reinicio la máquina, conectar, nada. Apaga, prende, mueve la computadora más hacia la ventana, nada. Suspiro y desisto. Recuerdo además que con los que tengo que hablar más a menudo viven aquí, y los amigos que quieran hablar conmigo pues seguro me llaman o me escriben luego. Vuelvo al frente de la casa, al chinchorro y con el pie derecho me balanceo suavemente, las vacas no dan Wi-Fi por estos lares, ya los torditos me lo habían dicho pero yo no les hice caso.

lunes, 3 de agosto de 2015

Comunidades de aprendizaje, o sobre los intentos de llevar una agenda

Hace algún tiempo ya descubrí por una amiga de una amiga a la gente de coursera.org. Me llamó la atención que ofrecen una lista enorme de cursos en línea gratuito y desde el primer momento me inscribí en varios que parecían interesantes. Uno de historia, uno de nutrición, uno de inglés y otro de metodología de la investigación. Un montón de cosas que leer y hacer. Pero, me descubrí postergando las lecturas, y al cabo de unas semanas abandoné la empresa. No es sencillo estudiar en línea, sin fechas de entrega, sin visitas al aula. O tal vez no es sencillo para mi.Estas comunidades virtuales de aprendizaje saben que se encuentran con estudiantes que van a su ritmo, todo el material ya está allí, todas las asignaciones son libres, y aunque para algunos es maravilloso este método yo simplemente no me encuentro completamente a gusto.

Luego de inscribirme y abandonar varios cursos más encontré uno, todavía en proceso, sobre cómo llevar una agenda y ser un poco más organizado con tu tiempo (How to be a together teacher). Me inscribí a ver que tal me iba, eso de organizarse y hacer agenditas siempre me ha gustado. Llevo como 5 meses desde que lo empecé y apenas voy por la semana 2 del curso. Pero es un progreso, no he abandonado, he hecho las asignaciones y la mejor parte: ¡funciona!

En las primeras lecturas recomiendan empezar con la programación semanal, explican qué cosas deben tener las buenas agendas, qué detalles debemos anotar y muestran algunos ejemplos. La instructora recomienda usar la planificación semanal por un tiempo antes de continuar con el curso. Eso hice y ¡chan chan! robotina y yo. 

Mas o menos así se veían mis semanas luego de aprender a usar mi agendita.


Aunque hubo semanas en las que pensé que me volvería loca y que mi vida no podía continuar así, por ejemplo:

El curso resalta que una buena planificación semanal:

  • Debe incluir la semana entera, no solo los días de trabajo.
  • Debes poder ver la semana entera en una sola hoja.
  • Debe ser portátil. Para poder anotar los nuevos eventos en el momento.
  • Debes anotar allí las cosas del trabajo y las personales.
  • Debes reservar tu tiempo de ocio o recreación. 


Ahora voy por la planificación mensual. Recomiendan que puedas ver el mes completo en una sola hoja y que vayas anotando solo eventos de fechas fijas, para no sobrecargarlo con las actividades diarias.
Así se ve mi planificación mensual, por ahora.



El curso creo que son 5 semanas, no tengo idea de lo que viene. Ya hice planificación semanal y mensual. Supongo falta el año y no sé que más.

Esta actualización del blog estaba anotada en mi agenda. La veía cada vez que abría sus páginas. Y aquí estoy, un año desde la última actualización. ¿Ves que sí funciona? 

Cuando llegue al final del curso haré otra entrada a ver cómo me termina de ir en esta comunidad de aprendizaje que pareciera poco a poco irme gustando. Espero no ser la única a la que le cuesta esto de estudiar sola XD. 



viernes, 28 de marzo de 2014

La Odisea del 2014. Bicentenario


La siguiente es una historia de la vida real, no le pasó a un amigo de un amigo, aunque si le pasa a muchos de mis amigos. De hecho le pasa a muchos venezolanos, amigos y no amigos, camaradas y compatriotas incluidos. Esos momentos son los que te llevan a la reflexión y convicción de que a este país lo tienen jodido las ideologías, esas teorías y utopías y distopías y microscopías que nos hacemos en la cabeza. Nos alejan del vecino, del familiar, del amigo, que a la hora de la chiquita pasa por las mismas que pasas tú. Pero son esas construcciones personales de conocimiento las que vienen a cagar el parque.

Esta odisea empieza a las 9 a.m., lista para pisar la calle. Me monto en el autobús, pues no tengo vehículo propio ( ni creo que tendré con esos precios absurdos y mi absurdo bolsillo). La idea es ir junto a mi amiga así que estamos avisando: ¿por dónde vas? voy saliendo, ok. Primer obstáculo del día: la marcha. El paso a el paseo Los Próceres está cerrado y luego de 30 minutos de cola el conductor decide meterse por otra vía, solo para descubrir que también está trancada. Metro entonces hasta Plaza Venezuela. Llegamos a las inmediaciones del Abasto Bicentenario. Segunda cola del día, la primera fue de  carros, para pasar la reja externa del lugar. Diez minutos tal vez, esa fue corta. Entramos. Tercera cola del día: la de subir al piso en el que se encuentra el abasto. Calculo que teníamos unos 80 carritos de supermercado por delante en esta cola, pero ya la esperábamos así que aprovechamos el tiempo juntas: cargar a la bebé, hablar, chismear, siéntate, párate, ¿quieres un chocolatico? bueno.

Luego de pasar la primera barrera custodiada por unos cuantos PNB subes la rampa. ¡Sorpresa! arriba también haces otra cola, para entrar (van cuatro). Varios reservistas "ponen orden" -señora haga la colita. -El bolso señora. Te revisan la cartera al entrar, pero no al salir. No sea que vayas a meter un paquete de harina que no es de los que ellos venden ahí. no sé.

Al entrar tienes que tener la logística ya al punto pues todo transcurre de la siguiente manera: anda a hacer la cola corre llegó el pollo¿ dónde está el aceite? ¿señora le sobrará un paquete? la cola es para allá quédate aquí mientras hago la cola de la leche ¿cuántas son por persona? señora ¿dónde consiguió harina de trigo? mira llegó el café no empujen vale ya está rodando la cola está es más rápida me duelen los pies agarra más pollo para llevarle a tu mamá...

Luego de un par de horas de cacería dentro del abasto tienes lo que pudiste encontrar y se te permite comprar. Dos,dos, dos,cuatro, uno, dos, no hay, no hay, no hay. Lo que no conseguiste sea porque llegaste tarde o porque ese día no llegó el camión, pues ya no lo conseguiste. ¿Buhoneros? si te alcanza la plata y si es muy urgente. En caso contrario te toca tomar avena sin leche, café negro, arroz sin pollo, etc. Dependiendo de tu suerte, de la combinación de astros y planetas que te permitieron encontrar esos productos y no otros.

Luego la espera, que no es dulce. Mientras más cerca estás de la caja mayor es la ansiedad, el miedo a que se coleen, cuentas tus productos una y otra vez para asegurarte de que ninguna mano inescrupulosa te arrebato alguno de los preciados productos.Ir al baño queda como la ultima de las necesidades que pasan por la mente porque salir no es una opción a estas altura. Ya bastantes historias hay de carritos que desaparecen por completo al menor descuido de sus "dueños". No quieres pasar a ser leyenda urbana.

Pagas y te vas a la quinta cola:la de salir.Un reservista (harto de su vida) se dispone a revisar que en tus bolsas está lo que dice tu factura, unos con más atención que otros.Ya. Libre. Corres a la salida. Ah no, ya va, ¿tú no te ibas en taxi? aquí está la colita.

Al final del día llegamos a la casa a eso de las 5pm. Estábamos ya exhaustas. Me sumé ese día al absentismo laboral del que ya había visto los porcentajes. Porque una vez que lograste entrar no quieres perder las horas que llevas allá e irte sin nada en las manos.

¿Ahorras? claro que sí. Con esos productos subsidiados claro que ahorras dinero. Pero perdiste seis horas de tu día allí. No fuiste al trabajo. Y no conseguiste todos los productos que necesitas. ¿Cuándo vas a volver a ir? ¿Cuándo puedes dedicarle otro día entero a meterte en el abasto y competir por los productos que encuentres? ¿Y por qué hay que subsidiar? no sería mejor que en realidad tu sueldo te alcanzara para pagar el precio estándar de los productos.

Hoy vi en Bellas Artes un cartelito que decía "¿has pensado en las horas que pierdes de estar con tu familia por andar haciendo cola?". Aquellas personas que dedican un sábado, un domingo o ambos días a visitar abastos y supermercados buscando x o y producto dejan de pasar tiempo con su familia, dejan de ir a trotar, dejan de visitar el parque, dejan de ir al teatro o al cine. Dejan de vivir, por hacer una cola para sobrevivir.




miércoles, 19 de febrero de 2014

Y a la desesperanza, ¿cómo la atacas?

Desde que empezaron las protestas casi no he tocado la calle. Y ya con ese comentario empiezo a ganarme las miradas llenas de juicio del lector. He salido como tres veces nada más: una a la farmacia, una a casa de una amiga, una a una asamblea en la universidad. ¿Cómo? ¿Y no fuiste a marchar? No. No fui a marchar. No fui a trancar ninguna calle, no. "¡Por eso es que el país está como está!" Ya siento como me juzgan y me reclaman, si yo hubiese salido seguro ya tendríamos otro presidente, o por lo menos así me hacen sentir de a ratos.

Y allí está mi punto. Como yo hay millones. Es una mezcla de miedo y desesperanza. Un punto entre "aquí no va a pasar nada" y "y si se arma un peo y me matan". Hace poco discutía eso, luego de  la consabida "aquí va a haber un peo" yo respondo con lo que pienso la mayor parte del tiempo "si no pasó cuando se murió Chávez, si no pasó con las elecciones, ahora menos va a pasar". 

Comparto noticias que me parecen valiosas, pienso que podría organizar un foro, una tertulia, una jornada de carteles. Pero lo que veo en las redes sociales es gente que grita que salga a tirar piedra con  ellos, y que si no lo hago soy apática, no me interesa mi país, traidora, cualquier cosa. 

Y a esa desesperanza que ocupa mi cuerpo, y la de millones de otros venezolanos ¿cómo la combates? La misma lucha de convencer a los que no votan. Pero es una lucha, no un regaño. Porque menos ganas de salir me quedan después de que me gritas que es mi culpa que el país esté así, que corra a ayudarte a esconderte de los gases, que corra o que acaso no veo que pasa. Cada vez que leo "Despierta Venezuela" pienso: ¿y tú crees que yo no sé lo que pasa? Creo que el mensaje no es el  adecuado, ni está llegándole a quien debería.

Y conmigo hay un sector enorme de la población que no sale. Por diversas razones: miedo a la represión, la creencia de que es inútil y también la poca identificación con el discurso y los planes que ha manejado la oposición (y no me refiero solo a la MUD). 

Con las redes sociales nos mantenemos informados unos 4 millones de venezolanos. ¿Y el resto? ¿Cómo les dices lo que está pasando?, ¿cómo los involucras en la lucha? ¿Cómo me involucro en la lucha? 

No tengo respuestas. Tengo un montón de dudas en mi cabeza. Un revoltijo de tristezas, rabias y dudas. Y las redes me regañan, no me invitan. 

sábado, 8 de febrero de 2014

#AlTrabajoEnBici


Ya dije anteriormente que mi plan es usar la bicicleta para ir a mi trabajo en la UCV todos los días que pueda. He tenido ya unas dos semanas de práctica y creo que ya sé por qué me gusta tanto la idea de continuar haciéndolo:

1. Llegó más rápido en bici que en metro o en bus: en bus son unos 45 minutos aproximadamente, desde que piso la calle fuera de mi casa hasta que entro al aula de clases. La vuelta en los Próceres, la cola de la Bandera y la de los Símbolos hacen del bus el medio de transporte que más tiempo me toma (y más dinero). En Metro son 30 minutos, y llego con la lengua de corbata pues debo caminar hasta Trasbordo con mis regordetas piernas que no son muy eficientes para ir rápido.

2. Siento que estoy en control de mis ganas de llegar al lugar: en metro o bus nos detenemos porque el conductor se detiene. Diversas razones hay para esto, desde simple tráfico hasta arrollamientos en el metro. Pero en la bicicleta, si creo que voy tarde pedaleo más fuerte e ignoro el dolorcito en los muslos, si voy temprano me lo tomo con calma y voy relajada paseando.Lo primordial es que no tengo que sentir esa frustración de "el tren no llega y voy tarde" "con está cola voy a llegar tarde"... No, siento que hago todo lo que puedo por llegar a tiempo, estoy en todo el camino a cargo de mi puntualidad, no se la delego a otros. Eso me encanta. Y ojo, tampoco es que soy la mata de la puntualidad, pero yo la controlo.

3.Es relajante. Llego a clases sudada, ok, pero nada que unos minutos en reposo no solucionen. Además, llego de mejor humor y hasta mis alumnos se alegran cuando voy en bici.

Y ya. Creo que razones hay muchas más. Las relacionadas con el ambiente, las de hacer a Caracas más amigable, todas válidas. Pero esas tres anteriores son mías mías... :). ¿Y tú?¿Por qué te vas #AlTrabajoEnBici?

domingo, 19 de enero de 2014

Una llanera en bici, ¡en Caracas!


El pasado diciembre empecé con la idea de agarrar la bicicleta de mi cuñada que se encontraba sin uso en el balcón y usarla para ir a mi trabajo en la Universidad Central de Venezuela. Llega enero, el mes de cumplir las promesas y fiel a mi propósito me voy un día a los Próceres con mi cuñada, cuñado y mi esposo; un paseo agradable, un reencuentro con la bici para ir tanteando el terreno. El fin de semana siguiente me monté de nuevo, esta vez en dirección contraria, pedaleé hasta coche y volví, le di unas vueltas a mi cuadra y ya, vivo en el Valle así que fue un paseo corto pero emocionante, era la primera vez sola en la calle en bici.

Hoy mi gata se acordó de que yo dije que iba a salir en bici temprano así que amablemente me despertó a las 6:15 am. Bueno, en realidad tenía sed y por eso me despertó pero igual cuenta. Unas cuantas vueltas con sueño, desayuné, me cepillé los dientes y lista. Deja de buscar excusas y móntate en la bici, ¿ o acaso quieres que se haga más tarde y haya más carros? ¿Dónde es que está la franela anaranjada?

A la 7:25 am estaba ya con el pie en el pedal en la avenida, agarré la intercomunal doblé en la salida a la autopista y me metí por Fuerte Tiuna, no hubo problemas para entrar y entonces fue maravilloso porque pude pedalear más rápido sin pensar en carros o peatones. Salí a los Próceres, pasé por el Ipsfa y agarré todo el paseo hasta las Tres Gracias (que los domingos está cerrado para que pasees en bici, patines o lo que quieras, menos carro). Empalmé con la ciclovía que sigue hasta plaza Venezuela y entonces me detuve en Sabana Grande. Eran apenas las 8:15 am. 

No me persiguieron perros, no tuve problemas con ninguna moto, carro o peatón, nada, fue perfecto. 

Y descubrí cosas. Descubrí que ese trayecto no tiene nada plano, aunque mis ojos de peatón así lo veían, medio subes, medio bajas, subes bastante, bajas sabroso, plano plano no es. 
Descubrí que en bici la gente se mira a la cara, para descubrir por qué lo haces, o tal vez solo para saber adónde vas a doblar. Descubrí que de nada te sirve usar camisas deportivas y casco y perolitos si con el insulto que le pegaste al carro que no te había visto (pero igual frenó apenas te vio) pierdes todo lo profesional que aparentabas ser. Descubrí que puedo llegar a Sabana Grande en poco tiempo, así que el próximo domingo ¡me anoto en la rodada con las Bicimamis! 

Creo que seguiré practicando, los sábados, los domingos, para luego tomar la bicicleta como mi medio de transporte en Caracas, no pierdo tiempo estancada en cualquier camionetica, pierdo kilos, gano salud, me ahorro unos cuantos viajes de metro y descubro cosas todos los días, en Caracas, en bici. 

sábado, 7 de diciembre de 2013

¡Con mi hallaca no te metas!

Tengo un montón de temas en la cabeza: el apagón, las colas, las clases, los estrenos... en fin, poco a poco. Hoy solo tengo uno: la hallaca, o mejor dicho, la dieta. Lo admito, es un título engañoso.

Sí,sí, dieta. Y no me refiero a "hacer dieta", la de no comer mayonesa y otras cosas deliciosas; me refiero a la dieta del venezolano, esa combinación de sabores y colores a la que nos aferramos como si no hubiese otro alimento sobre la faz de la tierra. La arepa en la mañana, el pollito con arroz y tajadas en el almuerzo y tal vez otra arepita en la noche (o una avenita para los recatados).

La cuestión está en que no estamos dispuestos a cambiar nuestra dieta por culpa de ningún mico o nico que se agarre el coroto del país. ¡No, señor! Ni se le ocurra meterse con mi hallaca. ¿La cola de 3 horas? Te la tengo y te la hago; ¿los empujones y atropellos? Te los tengo y te los reparto; ¿la peregrinación de mercado en mercado? Por favor, señor, yo nací para eso.

Y todos esos maltratos que viene de parte de otros ciudadanos y de parte de los vendedores, de parte de los militares (quienes honrosamente cuidan que usted no agarre más papel higiénico del que le corresponde) y de los "servidores" públicos, todo ese maltrato al final vale la pena. Usted llegó a casita victorioso: encontró harina Pan normal, no la integral, ni la amarilla. Bravo, hagamos las hallacas.

Ya puedo escucharlo "ajá, y entonces, ¿me quedo sin hallacas?, ¿no tengo derecho?". Todo lo contrario mi estimado lector, todo lo contrario. Tiene todo el derecho del mundo. Pero ¿sabe qué? También tiene derecho a no hacer una cola de 3 horas para ENTRAR al supermercado a ver si quedó algo de harina, también tiene derecho a visitar su carnicería local y encontrar pernil, a hacer todo un mercado en UN solo supermercado.

Pero hay un derecho que parece que no queremos ver: ¡el derecho a no hacer hallacas! Un país tan mixto como el nuestro, aprovechemos: cena peruana, chilena, china, gringa... lo que sea. Y no se trata de resignarse tristemente a que "este año no podremos hacer hallacas". Se trata más bien de "métete tu cola por donde mejor te quepa, voy a cocinar pasticho".

Y por cierto, ¡vaya a votar! y ejerza su derecho.


domingo, 13 de octubre de 2013

Redondilla felina

Otra de las hermosas tareas del taller de narrativa y poesía Maelström de la EIM-UCV
Intenté comportarme con la métrica y descubrí que eso es muy difícil,así que no cuenten sílabas, cuenten cuentos :)

Viniste a robar mi ama
Relegarme a una esquina
Y a infligirme la herida
Que ahora sangre derrama

Te busco dentro del juego
Me rechazas y me bufas
Me señalan y me acusan
Por tú ser presa del miedo

Cuando busco mi sustento
Tu cabeza otea mi plato
Yo suspiro y me recato
Aunque me muera por dentro

Al cobijo de mi alcoba
También llegaste imponiendo
Solo estás interrumpiendo
La paz que hubo otrora

Las caricias de otras manos
Ahora te pertenecen
Y al verte se enternecen
Ladrona eres de humanos

Como si faltara aún
Te busco de nuevo al jugar
Y cual si te fuese a matar

Ladro y me gritan: ¡Shogún!

*Shogún: el Alaskan con 8 años en la casa, Lucy: la gatita recién llegada.

Sobre quedarse en el aparato... y otras reflexiones parecidas...

Desde que empecé a trabajar online con clientes de otros países me he dado cuenta de la tremenda competencia que tenemos los traductores ...