domingo, 30 de junio de 2013

Desde la UCV. Desde casa.


A mi familia, mis estudiantes y amigos:
Escribo desde la humildad de mi casa, que no ostenta lujo ni se regodea en espacio; escribo desde el sudor de mi frente, el de las caminatas hasta mi trabajo; escribo desde la honestidad, en mi práctica docente diaria en la casa que vence la sombra; escribo desde mi corazón a todos ustedes.
Cuando yo estudiaba noveno grado en Valle de la Pascua mi hermano ya estaba presentando la prueba del CNU y tomé prestado entonces el libro de “Oportunidades de estudio”; con ansiedad y emoción hojeé sus páginas buscando la profesión que moldearía mi vida adulta. Encontré a Idiomas Modernos rápido y sin vacilar dije: eso es lo que yo quiero estudiar.  Todo mi empeño se dirigió a esa carrera, nada me distrajo y al final lo logré; cuando revisé junto a mi madre los resultados del CNU en 2003 se nos puso el corazón chiquito y se nos aguó el guarapo: “asignada primera opción, Idiomas UCV”. Todavía suspiro al recordarlo. El esfuerzo de padres maravillosos y la lucha personal habían rendido fruto.
Mis 5 años en la UCV no sólo me enseñaron tres idiomas (Sí, tres, porque el español lo reaprendí allá adentro). Me enseñaron qué es dormirte con la ropa del día puesta a causa del cansancio, me enseñaron el verdadero significado de “quemarse las pestañas”, me enseñaron también el valor de los libros, de la Biblioteca Central, del Comedor universitario y de la Cachucha de la UCV, el valor del Pastor de Nubes, del Jardín Botánico, de las increíbles Nubes de Calder, de todos y cada de los murales dentro de mi hermosa Facultad de Humanidades. Mi paso por la UCV me enseñó a respetar al otro y escucharlo aunque piense diferente; a reconocer al mundo dentro de la Universidad y a amarlo, me enseñó a cuestionar todo en cuanto creía para poder entonces reafirmarlo y defenderlo con fundamento.
Luego pude disfrutar del otro lado del escritorio, del lado del profesor. Tengo actualmente tres secciones de inglés en la Escuela de Idiomas Modernos, tres secciones maravillosas llenas de jóvenes con sueños, ideas, esperanza y conocimiento. Jóvenes que me enseñan algo nuevo todos los días y con quienes desarrollo amistades muy gratificantes y cordiales. Jóvenes que como yo vienen a nuestra alma máter a empezar a vivir.
Hoy esa universidad que me abrió las puertas en 2003 no es la misma. La universidad venezolana se ahoga frente a medidas que pretenden reducirla y aniquilarla. ¿Sabían ustedes por ejemplo que la beca estudiantil es de 400 Bs? ¿Que los estudiantes han tenido que cenar UNA papa sancochada en ocasiones? ¿Cómo estudia un joven con el estómago vacío? ¿Sabían además que un profesor universitario gana 2677Bs menos deducciones? Seguramente no lo sabían. Y no los culpo, la universidad venezolana (no sólo la UCV) ha intentado continuar trabajando como se pueda, “como vaya viniendo vamos viendo” por muchos años, gerenciando la crisis, pero ya la situación es insostenible.
Ahora se pretende imponer un contrato colectivo único presentado por unos pocos pero que “representaría” a todos: profesores, empleados, obreros y estudiantes de todas las universidades autónomas del país. Se pretende callar a los huelguistas con un aumento incompleto y muy por debajo de lo requerido (y que no ha llegado a los bolsillos de nadie). Se pretende CRIMINALIZAR la protesta estudiantil y profesoral, una estrategia vieja de criminalizar y victimizarse que muchos ya conocen. Se dice a los medios que hay diálogo, pero mienten; se dice a la gente que ya se aumentó el sueldo, pero mienten; se dice en la calle que un profesor gana 25 mil, pero siguen mintiendo.
Mi llamado es a solidarizarse con la lucha universitaria, porque no se trata solo del sueldo de los profesores. Se trata de las becas estudiantiles, se trata de los laboratorios que no tienen reactivos, de los jubilados que pierden beneficios con la contratación colectiva única, de la defensa de la AUTONOMÍA UNIVERSITARIA y la pluralidad que nos identifica y guía, del apoyo a los estudiantes y profesores de Mérida que llevan más de 300 horas en huelga de hambre. No es la UCV y cuatro estudiantes que protestan, es la Academia Venezolana y su comunidad.
Sin educación no hay futuro, sin pluralidad no hay democracia, sin ustedes no hay lucha, sin lucha no hay universidad.
Isabel Matos
Licenciada en Traducción

Profesora Instructora, Escuela de Idiomas Moderno UCV.

viernes, 7 de junio de 2013

¿Por qué escribo?


No estoy segura. Cuando tenía unos diez años jugaba a escribir, escribía en mi diario, cuentos, poemas, lo que me pasaba y dejaba de pasar. Y al igual que en las películas empezaba cada página con un “querido diario”. Los cuentos tenían portada, ficha bibliográfica al final, dibujos. Después abandoné el diario y pasé a los cuadernos, supongo que las portadas de princesas Disney ya no eran tan atractivas.
Entonces ya no jugaba a escribir, ahora era el teatro.  Rayoneaba las hojas de mis libretas con emociones adolescentes: amor, rabia, frustración, ganas de salvar el mundo un día y ganas de que me tragara la tierra al día siguiente. Escribía en inglés para guardar mis palabras de las miradas ajenas, o por lo menos yo las sentía más seguras así. Pero entregaba entradas a la función privada de mis cuadernos a pocos y selectos amigos. Todavía tengo esos cuadernos por ahí, debajo de la cama, debajo de cajas de zapatos, debajo del polvo de “ser grande”.
Y ahora que soy grande ¿por qué escribo? debo aclarar que considero a los escritores miembros de un círculo selecto de personas. Mejores personas. Un estado zen o un nivel de espiritualidad diferente. Cómo  usted lo quiera llamar. Y quiero ser parte de ese club. Ya veo varias cejas que se alzan con mi comentario; no todos los escritores son buenas personas, eso lo sé; aunque sí creo que al momento de la creación artística el escritor deja de ser quien es y se convierte en todos los escritores a la vez, se convierte en sus personajes y en sus historias, se convierte en una mejor persona. 

También debo mencionar que escribo porque quiero que me lean. Porque ignoro a la vergüenza que me toca el hombro, ella me dice que lo que escribo no sirve, que nadie lo leerá, yo la ignoro y sigo escribiendo, porque tengo que intentarlo al menos. Escribo para mí y secretamente para otros. Escribo mis intentos de pertenecer al club tan selecto que ya he mencionado. Creo que después de todo sí estoy segura de por qué escribo. 

Sobre quedarse en el aparato... y otras reflexiones parecidas...

Desde que empecé a trabajar online con clientes de otros países me he dado cuenta de la tremenda competencia que tenemos los traductores ...