miércoles, 11 de mayo de 2016

¿Qué es ser sexy? o de cómo pienso que no lo soy

Jugando a ser sexy en 2015. con una peluca, filtros y siguiendo instrucciones

¿Qué es ser sexy? Esa pregunta ha estado rondando mi cabeza y mi boca por los últimos dos meses sin parar. Ya no recuerdo exactamente por qué empecé a preguntarme eso pero la historia va más o menos así:

Estaba yo caminando en la universidad y viene en sentido contrario una chica, de unos 25 años, muy linda y con un tumbao que me hizo pensar "qué sexy es esa tipa". Entonces empiezo el inevitable juicio en mi contra (las mujeres somos nuestras peores enemigas). Empiezo a pensar que yo no camino así, que mi cabello no se mueve con el viento, que si mis ojos, que si mi nariz, todo un montón de basura que me lleva a la conclusión de que yo NO soy sexy. Entonces empieza la encuesta, pero no pregunto si consideran que yo sea sexy, porque es muy directo. Empiezo preguntando qué hace que alguien sea sexy. Las respuestas me causaban mucha risa, se armaron unos debates por Whatsapp que descargaban la batería de cualquier teléfono. Pero de repente empiezo a notar que nadie quería responder de manera directa, nadie quiere adjudicarse el título tampoco. Y la peor parte viene de aquellas mujeres, que yo considero bastante sexys, que decían que no lo eran, que ellas no se consideraban así.

Hoy sigo investigando, escucho conferencias en línea, leo artículos, veo entrevistas; las mujeres toman el micrófono y hablan de cómo ser sexy, cómo seducir y cómo usar esta herramienta a diario (más allá del plano sexual). Un tema salta y me toma por completo. Al parecer, y en esta idea sigo cavilando, el ideal de belleza que nos meten los medios a diario por los ojos nos afecta más de lo que creemos. Aunque sepamos que esas fotos tienen retoques, aunque sepamos que ni siquiera esa modelo luce así, aunque tengamos más de dos dedos de frente esas imágenes causa impacto en nosotras. Y es que, además de trabajar, limpiar, leer, estudiar y todo lo que hace cualquier individuo dentro de esta sociedad, tenemos que secarnos el cabello, sacarnos las cejas, ir al gym, ponernos maquillaje, caminar derechas (¡Saca el pompis! ¡Mete la panza!) mantener las uñas arregladas, combinar nuestra ropa, y ¡Dios nos libre de los zapatos bajitos y las groserías! 

Son demasiadas cosas. En algún momento "descuidamos" alguna. Me compré un vestido azul muy lindo para las navidades, y mi padre, que es mi papá y me ama por encima de todo, que es hombre y se supone que no "sabe de eso", me dijo que me quedaría mejor con una faja (que ya tenía puesta por cierto, inserte emoticón llorón acá). Una amiga publicó una foto muy sonriente, pues íbamos a dictar un taller en una jornada de investigación, y su mamá le dijo que la quitara porque se le veían las arrugas de los ojos.  Nadie se salva. Incluso aquellos que te aman desde que eras una pasa y hasta que seas polvo. Me hace recordar el artículo que leí de las amigas de proyecto Kahlo de cómo transmitir el odio al cuerpo.

Metiendo la panza en el susodicho vestido azul de navidad

Pero no todo está perdido, no hay que seguirle la corriente a estas "reglas de belleza" que nos hemos ido armando. Hay movimientos que intentan desmontar esos ideales de dama, señorita, mujer, madre. En España las chicas de weloversize son un ejemplo; promueven la idea de que hay que quererse con esos kilitos de más y que se puede ser sexy así. Sexy, volvemos al inicio. Si dentro de todas las definiciones que me dieron los encuestados (14 mujeres y 10 hombres) había más atributos de personalidad que físicos ¿Por qué seguimos negándonos el título de sexy? Que quede claro además que luego de redactar estos dos artículos (el primero publicado en www.ritosdeilacion.blogspot.com )no me proclamo como una gordita sexy, pero que quede bien claro también: se hace camino al andar. ¿y tú? ¿Eres sexy?

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